Acompaña a Menchu Gutiérrez la poeta Esther
Peñas.
¿Cómo se dice el tiempo?
¿De qué colores viste? ¿Cuál es su rugosidad, su tacto? Nos dicen los sabios
que la primavera tiene sabor agrio; el verano, amargo; el otoño, acre y el
invierno, salado. Pero, ¿a qué sabe el tiempo cuando se abre? ¿Tiene pulpa, el
tiempo? ¿Qué tiempo marca la tercera aguja incandescente del reloj de la que
hablaba Celan? ¿Qué sonidos lo anuncian? ¿De qué modo los cascos de un caballo
o el redoble de campanas lo marcan? La poeta y zahorí Menchu Gutiérrez (Madrid,
1957) traza una cartografía sobre el modo en que la palabra poética se acerca a
la experiencia del tiempo en su último libro, ‘Siete pasos más tarde’
(Siruela), un texto que invita al prodigio y que irrumpe (inesperadamente) en
nuestras Escrituras del desastre, escrituras de la invención. “En el jardín
donde caen las ciudades del tiempo/ algo va a florecer/ siete rosas más
tarde,/pero nosotros no sabemos pronunciar su nombre”. La puerta del juego está
abierta.



